Un devastador terremoto de magnitud 7,4 sacudió el oeste de Colombia el pasado lunes, dejando más de 240 muertos y cientos de heridos, en lo que se ha convertido en una de las mayores catástrofes naturales de la región en años. Los equipos de emergencia continúan la búsqueda de supervivientes entre los escombros en ciudades como Pereira y Cali.
El sismo golpea en un momento crítico para Colombia, que estrenó gobierno con el presidente Abelardo de la Espriella. La tragedia pone a prueba la capacidad de respuesta del nuevo Ejecutivo, que concentra sus esfuerzos en la búsqueda de supervivientes, la gestión de auxilio humanitario exterior y la reapertura del principal puerto del país.
La comunidad internacional ha comenzado a movilizar ayuda humanitaria, aunque el gobierno colombiano ha priorizado solo la recepción de insumos y sostiene que cuenta con personal suficiente para las labores de emergencia. Se ha solicitado específicamente rescatistas de Estados Unidos e Israel, mientras se aclara que no existe rechazo a la ayuda mexicana ofrecida.
El terremoto también ha provocado demoras y cierres en varios aeropuertos colombianos, según alertó el gobierno de Estados Unidos. Se espera que la reconstrucción tome meses y que el impacto económico sea significativo para la región occidental del país, mientras las autoridades evalúan los daños estructurales en infraestructura crítica.